Promotor: Ayuntamiento de Santurtzi
Situación: Santurtzi
Superficie: alrededor de 130 m²
Fotografía: Ainara Roman

Diseñar para la infancia es crear espacios que acompañen sus primeros descubrimientos. Espacios donde jugar, aprender, descansar o simplemente observar forman parte de una misma experiencia. En esta nueva haurreskola quisimos que la arquitectura fuera también una herramienta educativa, capaz de despertar la curiosidad y favorecer la autonomía desde los primeros años.

El proyecto transforma una ludoteca ubicada en un edificio de usos compartidos en una escuela infantil adaptada a las necesidades de niños y niñas de 0 a 2 años y de quienes los acompañan en su día a día. El principal reto surgía de las dimensiones del local: un espacio contenido que debía albergar un programa muy completo sin renunciar a la amplitud, la flexibilidad ni a la calidad de los ambientes.

La propuesta responde a este desafío organizando el programa en torno a una secuencia de espacios conectados visualmente entre sí. Cada uno responde a una forma distinta de aprender, jugar, descansar o relacionarse, manteniendo siempre una lectura continua del conjunto. Las transparencias, la entrada de luz natural y la continuidad de los recorridos amplían la percepción de la haurreskola, mientras que las grandes cortinas permiten adaptar las aulas a las necesidades de cada momento, creando espacios abiertos para compartir rincones más íntimos para el descanso y el juego tranquilo. Esta relación visual entre las diferentes estancias permite además que las educadoras mantengan una supervisión continua de las aulas desde las zonas de servicio, favoreciendo un funcionamiento más seguro y fluido del centro.

La madera aporta calidez y acerca la arquitectura a una escala más doméstica. El color aparece de forma precisa para identificar usos, acompañar los recorridos y generar pequeños paisajes que los niños reconocen y hacen suyos. Las siluetas en forma de casa construyen pequeños refugios dentro de las aulas, acercando la arquitectura a la escala de la infancia y generando espacios fácilmente reconocibles donde jugar, descubrir y sentirse seguros. El mobiliario, diseñado específicamente para el proyecto, se integra en la propia arquitectura para liberar las aulas y favorecer un uso más flexible y ordenado, incorporando soluciones adaptadas a la autonomía de los más pequeños, como cambiadores, mobiliario integrado o un inodoro infantil.

Cada decisión del proyecto parte de la mirada de la infancia. También la iluminación. En el aula de 0 a 1 años se incorpora un segundo nivel de iluminación mediante luminarias murales que complementan la iluminación general y permiten generar una luz indirecta durante los primeros meses de vida, cuando gran parte de la experiencia del espacio se vive desde una posición tumbada. De este modo se evita la incidencia directa de la luz cenital, creando un ambiente más amable para acompañar sus primeros descubrimientos.

Porque los lugares en los que descubrimos el mundo por primera vez permanecen en nuestra memoria mucho después de haberlos dejado atrás. Con este proyecto hemos querido crear un espacio capaz de acompañar esos primeros descubrimientos, despertando la curiosidad, favoreciendo la autonomía y acompañando el aprendizaje desde la propia arquitectura.